Relato ecológico: “El tatuaje”

Portada del libro de cuentos medioambientales “De mí para ti”La forma de explicar la sostenibilidad medioambiental de la que hablábamos en “Carpa Diem“, aquello de acortar los tiempos para apreciar las consecuencias de nuestros actos rápidamente, me recordó un relato que escribí hace unos años y que fue seleccionado por la COAG y el Ministerio de Medio Ambiente como uno de los mejores del I Certamen de Cuentos Medioambientales.

Fruto de aquel certamen, se editó “De mí para ti. Unos cuentos medioambientales“, un pequeño libro de cuentos ilustrado por niños en el que se encuentra El tatuaje”, un relato que trata de provocar la reflexión sobre la sostenibilidad de nuestros acciones sobre el medio ambiente:

El tatuaje

Por Antonio Ibarra Santiago
Madrid, 2005

“Dejen sus humos en la puerta. Continúen a pie o en bicicleta”

Laura pensó que no se trataba de una bienvenida demasiado amigable, pero se acordó de que ellos tampoco habían sido demasiado considerados cuando, unas horas antes, rechazaron la posibilidad de contribuir voluntariamente a la sostenibilidad ecológica de la zona pagando una tarifa un poco más elevada.
—El Castaño de Indias. Finca rural —Manuel había parado el todo-terreno y leía en voz alta—. Es aquí.
—A lo mejor deberíamos continuar a pie —dijo Laura.
—¿A pie? Estás loca ¿Sabes lo grande que es esto?
—Bueno, pues en bicicleta. Ahí hay varias; y parece que están en buen estado.
—Ni hablar. Con este coche podemos llegar al fin del mundo.
El sol brillaba con fuerza y, de vez en cuando, corría una brisa que traía los aromas de la primavera. Pero, cuando el vehículo se internó en la finca, la atmósfera se tornó gris y maloliente.
—No me gusta este sitio, cariño —atajó a decir Laura mientras el vehículo se abría paso entre las hierbas y las flores que, hasta entonces, llenaban el suelo de vida y color.
—¿Cómo es posible? —exclamó sorprendido Manuel—. Flores, árboles, pájaros, tranquilidad,… estamos en plena naturaleza, mi vida.
—Sí, ya sé, pero hay algo que no me gusta. Sigo pensando que deberíamos haber dejado el coche en la puerta, tal y como nos advertía aquel cartel. Además —continuó Laura—, ¿no hace ahora más calor?
De repente, el todo-terreno dio un salto enorme. Probablemente habían pisado alguna raíz, pero el coche recobró el equilibrio sin dificultad. Sin embargo, a los pocos segundos se escuchó un sonido atronador proveniente de la parte delantera derecha. Manuel paró y bajó a inspeccionar.
—¡Maldita sea! ¡Hemos pinchado! —gritó Manuel.
—Te dije que no me gustaba este sitio.
—¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? Sólo es un pinchazo. En diez minutos está solucionado.
—Pues yo no aguanto este calor. Voy a sentarme a la sombra de aquel árbol.
Al cabo de un rato, Manuel caminó hasta el castaño bajo el que se había resguardado su mujer. Llevaba un destornillador en el bolsillo de la camisa y se frotaba las manos con un trapo.
—¿Ya está? —preguntó Laura, aún sentada y con la espalda apoyada en el árbol.
—Sí. Y tenías razón. Este bochorno es inaguantable.
Manuel se quedó de pie, observando el tronco inabarcable de aquel castaño.
—¿Te acuerdas de lo que te escribía en la pizarra en el instituto? —preguntó Manuel, sonriente.
—Pues claro, cariño. ¿Por qué?
—Ahora verás —contestó, acercándose al tronco destornillador en mano.
—¿Qué vas a hacer? —exclamó Laura mientras se incorporaba.
Manuel comenzó a grabar en la corteza del árbol unas letras.
—¡No lo hagas, Manuel! —pidió Laura un tanto alterada—. ¡Yo ya sé que me quieres!
—Pero si no pasa nada, mi amor. Así, quien venga por aquí sabrá que hay una chica que se llama Laura a la que quieren un montón.
—No, no me gusta. ¡Para, por favor!
—Si ya está. ¡Mira!

“YO ♥ LAURA”

Laura besó a su marido como recompensa por su gesto de amor, pero en lo más profundo de su ser se arrepentía de las perturbaciones que estaban ocasionando a aquel paraje.
—¡Ay! —se quejó Manuel.
—¿Qué te pasa?
—No sé, me escuece aquí, en la espalda —dijo llevándose la mano a la zona afectada—. ¡Mierda! ¡Me duele!
—Espera, deja que lo vea —dijo Laura situándose detrás de él—. ¡Tienes la camisa manchada de sangre!
—¡Joder! ¡Me duele mucho! ¿Qué tengo?
Laura le quitó la camisa y lo que vio le dejó helada. No podía articular palabra.
—¿Qué pasa? —chilló Manuel—. Es como si tuviera un millón de abejas clavándome sus aguijones. ¡Es inaguantable! ¡Haz algo, por Dios!
Pero Laura estaba inmóvil, con la mirada clavada en la espalda de Manuel. Éste, con la cara desencajada por el dolor, se volvió y la zarandeó.
—¡Laura! Vuelve en ti y dime qué-coño-tengo-en-la-espalda.
—Es una especie de… tatuaje —balbuceó Laura.
En ese instante, Manuel perdió el conocimiento y cayó. En su espalda desnuda y ensangrentada había algo escrito:

“YO ♥ MEDIO AMBIENTE”

¿Qué pasaría si todas nuestras acciones tuvieran consecuencias inmediatas?


5 Responses to “Relato ecológico: “El tatuaje””

  1. Neurotransmisores Says:

    Bonito relato, la verdad es que somos crueles con la naturaleza.

  2. "QUIMÉRICAS" x QUIM# Says:

    un blog muy humano,el suyo,muy cálido. Me ha gustado transitar en él.Feliz y Quimérico 2008

  3. Araceli Says:

    Excelente tu relato, Contraejemplo. Y el final al más puro estilo Hitchcock pone los pelos de punta.
    Sigue escribiendo, que lo haces muy bien… Y avísanos cuando publiques tu novela o se represente esa obra de teatro que tienes en ciernes.

  4. Veli Says:

    Eres una caja de sorpresas, Antonio…
    El relato es sorprendente, me gusta. Si las acciones tuvieran consecuencias inmediatas, el mundo sería muy diferente.
    Saludos amistosos.

Leave a Reply