La revolución de la conciencia ecológica

Dejamos atrás el año 2007 con la sensación de que terminó el debate sobre la existencia del cambio climático (finalmente parece que sí existe y está provocado por los seres humanos) y con la agradable sorpresa de ver cómo Estados Unidos se unía al acuerdo base sobre calentamiento global de la Cumbre de Bali. Dos excelentes noticias fruto del trabajo de científicos, organizaciones ecologistas, medios de comunicación e instituciones de prestigio e impacto mundial, como los Premios Nobel o los Oscars de Hollywood, que no dudaron en reconocer el trabajo de Al Gore y su verdad incómoda.

Y afrontamos este 2008 recién estrenado con el reto de no olvidarnos de todo esto. Imagen de un globo terráqueo verde con hojas verdes alrededor.De no olvidarnos de que la revolución ecológica no ha hecho más que comenzar. Porque el respeto por la naturaleza y el medio ambiente debería estar por encima de la existencia del cambio climático. Ahorrar energía, apostar por los recursos renovables, contaminar menos o colaborar con el reciclaje son acciones que no deberíamos cuestionar; tendrían que estar grabadas en nuestra conciencia con independencia de si los Estados Unidos se unen o no a un pacto medioambiental.

Por todo ello, 2008 debe ser el año en que adquiramos, si no lo hemos hecho ya, una verdadera conciencia ecológica. Y para lograrlo no tenemos que esperar a ningún acuerdo mundial, ni a que los científicos nos desvelen más resultados, ni a que los gobiernos den siempre el primer paso. Cada uno de nosotros somos responsables de nuestra conciencia y de nuestras acciones. La verdadera revolución es la que se produce dentro de uno mismo.

Cuando adquieres conciencia ecológica te das cuenta de que hay multitud de detalles de tu vida diaria que puedes cambiar para ser más respetuoso con el planeta. Pero tu círculo de acción puede ser más amplio: también puedes hablar de ello con tu familia y con tus amigos, educar en la ecología a tus hijos, reclamar cambios a tu gobierno, manifestarte, hacerte socio de Greenpeace… ¿Qué mal podemos hacer si cuidamos mejor nuestro planeta? No esperes más y súmate a la revolución de la conciencia ecológica.


6 Responses to “La revolución de la conciencia ecológica”

  1. La revolución de la conciencia ecológica Says:

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  2. Carmen (LaCondiciónHumana) Says:

    Haciendo un paralelismo de este problema con un fumador, podríamos decir que este señor está haciendo un daño a su cuerpo y se debería concienciar de que eso está mal hecho y por lo tanto dejar de consumir cigarrillos… pero, suele pasar, que el problema es más hondo, la persona sabe que está mal hecho y estaría encantada de estar dentro de un cuerpo totalmente sano pero ciertas carencias y sufrimientos le llevan a buscar cierta serenidad en el cigarrillo… y exactamente igual ocurre con quien busca esa tranquilidad en el consumismo, en la opulencia, en el constante movimiento…

    La solución creo yo es que la vida deje de ser un sufrimiento, que se disfrute de las cosas normales de la vida: la tierra, el agua, el sol, la compañía… Para ello hay que curarse de los procesos neuróticos que nos han llevado hasta aquí.

  3. Neurotransmisores Says:

    Tarde o temprano tendremos que concienciarnos de verdad.

  4. Ana Belén González Pérez Says:

    La conciencia ecológica tiene varias partes. Una, la práctica y que está en todas partes, es la idea de contaminar lo menos posible. Esta sería una conciencia negativa, en el sentido de no molestar. Dentro de esta entraría toda consideración llevada a evitar actuar. Por ejemplo, ¿realmente necesito ir de manga corta en pleno invierno en casa? ¿No es más fácil ponerse un jersey y bajar la calefacción?
    Luego está la activa. Curiosamente cuando yo era adolescente estaba muy de moda. En la siguiente generación también. Es una conciencia conservacionista, donde los seres humanos realizan actividades, pero en la misma dirección, la de no molestar demasiado. Ahí estarían encuadradas las acciones globales como la disminución de los humos o la prohibición de cazar determinados animales.
    Dentro de la activa hay una positiva, que consiste en plantar árboles, dar otro trabajo a indígenas para que no se vean obligados a quemar árboles para tener tierras de plantación, etc.
    Y existe una tercera dimensión de la que se habla poco, que sería interna. No de concienciarnos de que no molestemos, sino de darnos cuenta de qué tipo de relación tiene el ser humano con la naturaleza. Una relación de poder, al menos en occidente. Mientras estuvimos a su merced, fue vista como una terrible fuerza que podía acabar con nosotros. Al ponerla a nuestro servicio, la hemos convertido en nuestra casa.
    Fíjate en el discurso. En todo discurso la Naturaleza es algo que hay que salvar, de lo que hay que protegerse o que podemos explotar.
    Como si estuvieramos fuera de ella.
    Como si el ser humano hubiera brotado en medio de la nada y estuviera jugando con algo externo.
    Nosotros somos naturaleza. ¿Dónde acabo yo? ¿En mi cuerpo? ¿Puede éste existir sin el aire que respiro, sin el agua que bebo, sin el calor del sol? Si yo soy el aire, el agua, el calor, ¿¡Qué me estoy haciendo a mí misma?!

  5. Contraejemplo Says:

    ¡Gracias por vuestros comentarios!

    Carmen: es cierto que nos complicamos demasiado la vida y llegamos a verla como un sufrimiento. Lo malo es que muchas veces no nos damos cuenta de que estamos sufriendo y la vorágine en la que nos vemos envueltos nos parece lo normal.

    Ana Belén: la verdad es que creo que avanzaríamos mucho aunque nos quedáramos en la conciencia negativa, esa de contaminar y molestar lo menos posible. El mundo sería mejor así, porque esa es una actitud que ya tiene en cuenta a los demás, a lo ajeno, a lo que nos rodea. Me parece la base de la convivencia. Y me gustó eso de “Nosotros somos naturaleza”. Exacto.

    ¡Salvémonos a nosotros mismos cuidando del planeta que nos permite seguir con vida!

    ¡Saludos!

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