Archive for Abril, 2008

La guía de tu vida, según Buda

Miércoles, Abril 30th, 2008

No lo creas solamente porque te muestren el testimonio escrito por un antiguo sabio… y no creas nada solo por la autoridad de tus maestros o sacerdotes. Lo que debes aceptar como verdad y como guía de tu vida es lo que está de acuerdo con tu propio razonamiento y tu propia experiencia, después de haberlo investigado a fondo, y lo que sea una ayuda para tu bienestar y el de los otros seres vivientes.

Siddharta Gautama, Buda (563-486 a.C.)

Este pensamiento, visto en el blog “Existir es resistir“, coincide en su fondo con el subtítulo de este blog y, por tanto, con mi manera de pensar. Pero, releyéndolo varias veces, llego a la terrible conclusión de que, para ponerlo en práctica, requiere una precondición:

Si quieres vivir de acuerdo a lo que tú piensas, primero tienes que pensar. Parece una tontería pero, no sé porqué, muchas veces me da la impresión de que la gente no piensa por sí misma, no reflexiona, no investiga a fondo, no se cuestiona las cosas. Y claro, así, ¿cómo puedes saber cuál es la guía de tu vida?


Garitos

Domingo, Abril 27th, 2008

El jueves pasado tuve cena de empresa. Fue en un restaurante de Madrid que parece que está de moda también como garito de copas, humo, música a tope y gorila en la puerta. Una combinación que muchos escogen para quedar con sus amigos para “hablar”.

Fotografía del interior de un garito cualquiera

Y entrecomillo lo de hablar porque parece ser uno de los motivos por los que la gente acude a estos sitios. Sin embargo, no parece que sean muchas las circunstancias que propicien una buena conversación:

  • Lo primero que tienes que hacer es franquear el filtro de la puerta (no sé cuáles son las reglas o criterios porque nunca me he enfrentado con ello).
  • Luego tienes que gritar todo lo que te permitan tus cuerdas vocales para competir con el volumen atroz del hilo musical.
  • Al rato, el humo del tabaco te irrita los ojos y te seca la boca.
  • Y, si después de todo, consigues hablar, resulta que lo que sale, mojado por el alcohol, muchas veces carece de sentido.

Francamente, no lo entiendo. Se me ocurren decenas de sitios mejor acondicionados para hablar con los amigos. Rectifico: creo que cualquier sitio es mejor que un garito así. Sin embargo, cuando yo salía por la puerta (a eso de la una de la madrugada de un jueves), había decenas de personas agolpadas en la zona de acceso al local esperando su turno para entrar ahí y, supongo, “hablar” con los amigos.


Día de la Tierra 2008

Martes, Abril 22nd, 2008

Desde 1970, año en el que el senador norteamericano Gaylord Nelson convocó la primera manifestación medioambiental, el día 22 de abril se celebra el Día de la Tierra.

Hagamos que todos los días sean el día de la Tierra. Envía una postal relativa al día de la Tierra

El objetivo es crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra.

Aunque, como siempre que se celebra un día-de-algo, es porque no deberíamos recurrir a un día concreto para concienciarnos de ese algo. Efectivamente, cuidar la Tierra, cuidar el planeta que hace posible la vida, debería formar parte de nuestra actitud y nuestras acciones todos los días del año.



Jugar con niños a los “Cadáveres exquisitos”

Domingo, Abril 20th, 2008

Un “cadáver exquisito” es un juego de creación colectiva utilizado por los surrealistas de la primera mitad del siglo XX. Consiste en crear una frase, un poema, un dibujo o cualquier otra manifestación artística juntando palabras, versos o dibujos parciales creados por diferentes autores. Tiene ese nombre porque la primera frase que surgió del juego fue “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo“.

La creación de frases es, quizá, la manera más sencilla de jugar a los “cadáveres exquisitos”. Es tan fácil, pero a la vez tan potente y educativo que me parece un juego muy indicado para jugar con los niños. El número idóneo de jugadores es cinco:

  1. El primero toma una hoja de papel y escribe en su parte superior un sustantivo y la dobla un poco hacia atrás para que el siguiente no pueda leerlo. Para garantizar la concordancia, este jugador puede indicar el número y el genéro del sustantivo elegido.
  2. El segundo jugador escribe un adjetivo y dobla la hoja otro tanto.
  3. El tercero ha de escoger un verbo transitivo volviendo a doblar el papel.
  4. El cuarto un objeto directo y sigue doblando.
  5. Y el quinto y último un complemento circunstancial, puede ser de lugar, de tiempo, de espacio, etc. También se puede escoger un adjetivo, pero el complemento circunstancial aporta un matiz muy interesante. Este último jugador desdobla el papel y lee la frase resultante.

Esa frase puede parecernos carente de sentido en un primer momento, pero si pensamos un poco y dejamos volar la imaginación, es muy posible que le encontremos explicación e, incluso, podamos recrear toda una historia a su alrededor.

Mi mujer y yo jugamos con nuestro hijo de seis años. Al ser solamente tres, mi hijo suele pensar el sustantivo y el objeto directo, mi mujer o yo, el verbo y el otro, el adjetivo y el circunstancial. Como él no sabe aún qué es un objeto directo o un sustantivo, le pedimos que piense dos “cosas”. Y para facilitar la tarea de la escritura y la concordancia, ni siquiera lo escribimos, solo lo pensamos.

Cuando ya tenemos todo pensado, empezamos la frase. Comienza mi hijo y así los “mayores” vamos diciendo nuestra parte para que salga una frase bien construida (gramaticalmente hablando). Al terminar, jugamos a imaginarnos una posible explicación. Y, normalmente, lo repetimos varias veces de modo que tratamos de construir un mundo irreal en el que todas las frases que nos salen cobren sentido.

Creo que el juego se puede adaptar fácilmente en función de la edad de los niños. Es apto para jugar en cualquier sitio (en el coche, por ejemplo, para amenizar los viajes más largos), desarrolla la imaginación, mejora el lenguaje y se aprende gramática. Y, además, sirve para fortalecer las relaciones ya que puede jugar toda la familia. ¿Alguien da más?


El niño con el pijama de rayas

Martes, Abril 15th, 2008

Acabo de ser padre por segunda vez y vuelvo a sentir esa sensación de incredulidad por haber sido capaz de crear algo tan hermosamente perfecto. Y es que los niños son, probablemente, el mejor producto que podemos hacer los hombres. Es lo más cerca que podemos estar de la magia, el milagro o como queramos llamar a algo que parece increíble.

Portada del libro “El niño con el pijama de rayas”, de John Boyne. Enlace a casadellibro.com para comprar el libroY tener un hijo es, quizá también, la mejor excusa que puede tener uno para no actualizar su blog :-) pero ahora, un mes después del parto, la vida va recuperando una normalidad reposada muy agradable. Eso, unido a un retraso en un vuelo entre Bruselas y Madrid, me han permitido leer “El niño con el pijama de rayas“, de John Boyne.

Un libro que ha venido a mí en el momento justo, para recordarme que la visión del mundo siempre depende del cristal con que se mire. Pero, sobre todo, para alertarme sobre el hecho de que cuando los niños no entienden lo que hacemos los adultos, deberíamos preguntarnos si estamos haciendo lo correcto. Dicho de otra forma, nos vendría muy bien mirar lo que hacemos con el cristal de lógica simplista y bondad infinita con el que ven los niños el mundo. Quizá, solo así, seríamos capaces de entender de una vez por todas las grandes barbaridades que hacemos los adultos.

Y es que sigo pensando que la esencia del ser humano es la bondad. Los niños son buenos por naturaleza y vienen preparados para no ser racistas, ni clasistas, ni injustos, ni insolidarios… Lo que tendríamos que hacer los adultos es aprender de ellos y no al revés. Bueno, quizá no sea tan simple al fin y al cabo, pero creo que vale la pena reflexionar sobre lo que podemos aprender de los niños, de su visión de las cosas y de su bondad -eso que muchas veces minusvaloramos llamando inocencia-.

Esas son algunas de las ideas que me vinieron a la mente tras ser padre y leer este libro, en el que John Boyne describe la visión de un campo de concentración nazi desde la perspectiva de un niño de nueve años. Un libro recomendado para todos los padres, pero también para todos aquellos que ya no se acuerdan de cómo se ve el mundo cuando eres un niño.