¿Cómo educar a los hijos?
A veces tengo la sensación de que llevamos las cosas a los extremos para comprenderlas mejor, pero no nos damos cuenta de que podemos desvirtuar tanto la realidad que finalmente no lleguemos a entender nada. La educación no se libra de este efecto y, así, en el ámbito de la educación casera -en contraposición con la que se recibe fuera de casa: escuela, etc.- se me ocurren, como mínimo, dos polos:
- Hogar-cuartel. En este extremo, los padres serían los capitanes generales y los niños unos meros soldados rasos. La rutina diaria estaría perfectamente establecida y existiría un conjunto de normas definido por los padres, que los niños tendrían que respetar y acatar sin preguntar porqué. El castigo estaría a la orden del día y los niños finalmente adquirirían unos hábitos más por miedo que por entendimiento. Los partidarios de este modelo lo justificarían diciendo que los niños necesitan disciplina para aprender.
- Hogar-comuna. Por este otro lado, padres e hijos tendrían un estatus similar. La alegría y el caos reinarían por igual en la vida familiar porque cada miembro podría hacer lo que quisiera con tal de expresarse libremente y sentirse bien. Los niños estarían descuidados, mal aseados y se comportarían como pequeños salvajes pues carecerían de límites. Los partidarios de este modelo lo justificarían diciendo que los niños necesitan desarrollarse en un ambiente de paz y libertad.
Y, así, cuando alguien dice que aplica el método Estivill podemos pensar que se trata de un hogar-cuartel donde los niños sufren constantemente métodos despiadados; y cuando alguien dice que practica el colecho (dormir con los hijos) podemos imaginar un hogar-comuna donde la permisividad llega a su extremo más irresponsable.
Pero, ¿cuántos hogares-cuartel y hogares-comuna existen en realidad? Sinceramente, creo que muy pocos. Pienso que la mayoría nos situamos en algún punto entre medias o mezclamos elementos de uno u otro para configurar nuestro propio hogar. Y, aunque siempre nos quede la duda de si lo estamos haciendo bien o mal, lo que sí tengo claro es que ponemos nuestra mejor intención.
De inmediato, una larga batería de preguntas llena mi mente: ¿Bastará solo con la intención? ¿Cuáles serán las implicaciones individuales y sociales de nuestro pequeño hogar-escuela? ¿Cómo debemos, entonces, educar a nuestros hijos?

Junio 20th, 2008 at 21:07
Interesante artículo. Y el contraejemplo a esta descripción bipolar que describes, y que nos describe como padres/madres, no está en el medio, sino todo lo contrario.
Hablas de hogar-escuela y Eduard Punset dice en un interesante artículo acerca de la búsqueda del bienestar:
“sin amor incondicional no hay proceso de aprendizaje posible”.
http://www.eduardpunset.es/docs/enlosmedios/semanal20080203.pdf
¿Cómo debemos educar a nuestro hijos? Pues a mí me gusta la idea que propone Gustavo Martín Garzo:
“¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. (…) Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino que se deleitan con ella (…) El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca.”
http://www.elpais.com:80/articulo/opinion/educacion/ninos/elpepiopi/20080615elpepiopi_4/Tes
Ya ves. Yo me apunto a esta opción de una educación basada en el amor, en la búsqueda de la felicidad y en disfrutar de las pequeñas cosas de ese mundo mágico que albergan los niños.
http://salirsedelafila.wordpress.com/2008/06/12/cualquier-dia/
Saludos
Junio 21st, 2008 at 12:45
Difícil pregunta. Cada casa es un Universo por sí mismo, cada niño un mundo y cada padre un pobre diablo que no sabe por donde cojerlo. Como bien dices, cada cual hace lo que puede, o lo que sabe. Pero no olvidemos que existen profesionales y muchas maneras de buscar ayuda; nadie puede saber de todo, es bueno ser humildes y tratar de aprender lo que no se sabe hacer, sobretodo cuando hablamos de algo tan difícil como formar a un ser humano para su vida adulta. Difícil y gratificante, cuando se hace bien.
Un abrazo.
Junio 21st, 2008 at 16:39
Tema de difícil solución. No podemos estar alerta constantemente. Lo mejor es predicar con el ejemplo.
Saludos.
Junio 23rd, 2008 at 01:06
Pues mira tal y como decía Mafalda: los padres y los hijos entran a ser novatos el mismo día.
Nadie debería decirte como educar a tus hijos, porque para eso son tuyos y les inculcas tus propios valores y creencias, o como minimo esa es para mi, la funcion de los padres. Puedes escuchar consejos, opiniones, sistemas educativos, aprender de otras situaciones, pero la decisión es tuya, y la responsabilidad también.
Los hogares-cuartel haran que deseen liberarse cuanto antes de esas ataduras, y los hogares-comuna haran que busquen quien les marque pautas, porque eso es la base de su educación. Y tontos no son.
Una vez le dejé escoger a mi hija mayor (13), si quería que le marcara siempre en todo, quería libertad total para hacer y deshacer, o quería lo que tenía: una de cal y otra de arena. Escogió lo último.
Y yo creo que si lo hacemos bien lo vemos en el día a día, y en lo que se van convirtiendo. De todos modos es una lucha constante, y NUNCA puedes bajar la guardia.
Petonets
Junio 24th, 2008 at 09:50
La intención no es suficiente: yo podría tener la intención de cortar una hemorragia pero si desconozco como hacerlo probablemente no lo logre. Así pues, el primer paso es la información.
Si tanto el padre como el hijo es novato, no es ni el primer padre ni el primer hijo del mundo. Muchos comportamientos y conductas están estudiadas y conocerlas ayudan a educar mejor.
Saludos.
Junio 24th, 2008 at 14:21
Todos/as somos novatos/as con cada nuevo hijo o hija. ¿Qué necesitamos para educar a nuestros hijos? ¿Ser padres expertos? ¿Expertos que asesoran a padres y madres? ¿Expertos que nos enseñan a educar a nuestros hijos e hijas? ¿Niños educados por expertos?… No sé, no sé. Miedo me da.
Para mí que en este caso sólo se aprende de la práctica. Y que el tiempo dedicado a leer o a estudiar acerca de esos comportamientos y conductas que señalas, Cean, es tiempo restado a criar, educar y disfrutar genuinamente de nuestros hijos e hijas… Y a aprender de ellos y ellas
Pero el humorista Faro lo explica mucho mejor en esta viñeta:
http://www.e-faro.info/Imagenes/CHISTES/WChmes02/Acudits2007/070729.padre.gilipollas.jpg
Junio 24th, 2008 at 14:59
Precisamente de los extremos trata el artículo. No es cuestión de una cosa u otra.
Luego, si el tiempo a estudiar o leer se quita al que se dedica a ver las series de televisión de turno, quizá no es un tiempo perdido. O, mejor aún, ¿qué tal informarse antes de ser padre o madre?.
salirse de la fila, no será tu caso, pero muchísimas personas se quejan HOY (con libros, bibliotecas, escuelas, Internet, psicólogos, …) de ¡qué nadie me enseñó a ser padre!. Claro, como a ser irresponsable se aprende solo.
En este asunto me muestro muy crítico, lo sé. Ante la educación no hay excusas. Además, la mejor educación es el ejemplo. A continuación un cuento acerca de ésto:
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Título: “Ghandi y el azúcar”
Una mujer fue junto con su hijo a ver a Gandhi. Gandhi le preguntó que quería y la mujer le pidió que consiguiese que su hijo dejase de comer azúcar.
Gandhi le contestó: traiga usted otra vez a su hijo dentro de dos semanas.
Dos semanas más tarde la mujer volvió con su hijo. Gandhi se volvió y le dijo al niño: “deja de comer azúcar”.
La mujer muy sorprendida le preguntó: ¿por qué tuve que esperar dos semanas para qué usted le dijese eso? ¿Acaso no podía habérselo dicho hace quince días?
Gandhi contestó: no, porque hace dos semanas yo comía azúcar.
____________
Por cierto, muy buena la viñeta :).
Saludos.
Junio 27th, 2008 at 17:35
Evidentemente que no somos las primeras, ni madre ni hijas. Pero son ellas las que a mi me preocupan. Y soy yo la que debe educarlas.
Tengo libros que hablan de los problemas a cada edad y opciones sobre como llevar la situación. Busco en internet artículos que tengan sentido y cierta seriedad. Comento con personas en las que confío. Acudí con una de mis hijas durante un tiempo al psicólogo. Incluso me pedí dos años de excedencia en mi trabajo para redirigirlas en su educación, pues como se dice vulgarmente “se me estaban torciendo”.
Pero como ya dije NUNCA debes bajar la guardia, y sí que intento dar ejemplo, pero los padres no somos perfectos. Y no podemos hacer pràcticas, porque como te equivoques no siempre puedes rectificar.
Una sonrisa para todos
Julio 5th, 2008 at 00:10
¡Glups! Aunque es mala época…, te he dejado un meme por aquí:
http://salirsedelafila.wordpress.com/2008/07/05/meme-sobre-la-felicidad/
¡Feliz verano!
Octubre 7th, 2009 at 12:26
Mi opinión creo que de alguna manera coincide con la tuya.
Ni mucho, ni tan poco, es decir, creo que cada niño es un mundo y no hay un método que funcione para todos.
Cada persona es libre de, según su inteligencia, principios y educación tomar lo “mejor” de cada método y adaptarlo a las necesidades de su propio hijo.
Lo que está claro es que en esta sociedad, cada vez somos más permisivos, y el resultado está ahi, un descontrol total y una falta de autoridad absoluta.
En los tiempos de antes no había ni tantas corrientes psicológicas, ni tantos métodos, ni nada. Había madres dedicadas a sus hijos, y no a uno o dos, sino a 3, 4 5 o más hijos y que pasaba?, los educaban con amor, pero con firmeza, simplemente porque no disponian del “tiempo” para ceder a los caprichos de cada uno de sus hijos. Y gracias a esa educación, más amorosa, pero a la vez, menos permisiva, muchos crecimos siendo personas seguras (no recuerdo tener ningún trauma porque mi madre me dejara llorar cuando no queria quedarme en mi cama porque ya era la hora de dormir), autosuficientes y conocedores de que en la vida hay reglas y límites que deben cumplirse.
Mi conclusión es que debemos educar con amor, pero no olvidarnos que ante todo somos padres forjando a los futuros adultos de esta sociedad. Y que un niño que se siente amado en el día a día, no se traumará ni se considerará un niño “maltratado” porque se le impongan reglas cuando es preciso.
Octubre 22nd, 2009 at 12:40
Lourdes, en cierto modo creo que has dado en el clavo: antes las madres (o alguien muy cercano:abuelos, hermanos mayores, otros familiares, etc) pasaban la mayor parte del tiempo con los niños. Y sí disponían de tiempo, sí, mucho más que las dos horas escasas que, al final de la dura jornada laboral, dedican muchos padres (que no pueden prescindir de trabajaro porque económicamente lo necesitan) a sus hijos. Ahí está la raíz del problema, y sobre eso deberíamos reflexionar. Niños solos, en compañía de extraños prácticamente todo el día, sin recibir el necesario amor (que se traduce en muchas otras cosas: atención, abrazos, besos, enseñanza…). Se trata de una carencia afectiva real que padecen hoy en día la gran mayoría de los niños.
Para enseñar qué está bien y qué está mal hay que ser una presencia constante en la vida de los niños, y no sólo un fantasma malhumorado y agotado a las ocho de la tarde que únicamente busca el ansiado descanso pretendiendo que sus hijos le molesten lo menos posible.
Por último: las nanas, el acunar a los niños en brazos, el contar un cuento hasta que los ojos se cierran han sido durante siglos la práctica habitual (y aún lo son, junto al colecho, en buena parte del mundo, incluido también el desarrollado).
Así que sí, reflexionemos sobre lo que antes recibían los niños, y lo que reciben ahora, de nuestra presencia, nuestro cariño y nuestra enseñanza.