Un “cadáver exquisito” es un juego de creación colectiva utilizado por los surrealistas de la primera mitad del siglo XX. Consiste en crear una frase, un poema, un dibujo o cualquier otra manifestación artística juntando palabras, versos o dibujos parciales creados por diferentes autores. Tiene ese nombre porque la primera frase que surgió del juego fue “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo“.
La creación de frases es, quizá, la manera más sencilla de jugar a los “cadáveres exquisitos”. Es tan fácil, pero a la vez tan potente y educativo que me parece un juego muy indicado para jugar con los niños. El número idóneo de jugadores es cinco:
- El primero toma una hoja de papel y escribe en su parte superior un sustantivo y la dobla un poco hacia atrás para que el siguiente no pueda leerlo. Para garantizar la concordancia, este jugador puede indicar el número y el genéro del sustantivo elegido.
- El segundo jugador escribe un adjetivo y dobla la hoja otro tanto.
- El tercero ha de escoger un verbo transitivo volviendo a doblar el papel.
- El cuarto un objeto directo y sigue doblando.
- Y el quinto y último un complemento circunstancial, puede ser de lugar, de tiempo, de espacio, etc. También se puede escoger un adjetivo, pero el complemento circunstancial aporta un matiz muy interesante. Este último jugador desdobla el papel y lee la frase resultante.
Esa frase puede parecernos carente de sentido en un primer momento, pero si pensamos un poco y dejamos volar la imaginación, es muy posible que le encontremos explicación e, incluso, podamos recrear toda una historia a su alrededor.
Mi mujer y yo jugamos con nuestro hijo de seis años. Al ser solamente tres, mi hijo suele pensar el sustantivo y el objeto directo, mi mujer o yo, el verbo y el otro, el adjetivo y el circunstancial. Como él no sabe aún qué es un objeto directo o un sustantivo, le pedimos que piense dos “cosas”. Y para facilitar la tarea de la escritura y la concordancia, ni siquiera lo escribimos, solo lo pensamos.
Cuando ya tenemos todo pensado, empezamos la frase. Comienza mi hijo y así los “mayores” vamos diciendo nuestra parte para que salga una frase bien construida (gramaticalmente hablando). Al terminar, jugamos a imaginarnos una posible explicación. Y, normalmente, lo repetimos varias veces de modo que tratamos de construir un mundo irreal en el que todas las frases que nos salen cobren sentido.
Creo que el juego se puede adaptar fácilmente en función de la edad de los niños. Es apto para jugar en cualquier sitio (en el coche, por ejemplo, para amenizar los viajes más largos), desarrolla la imaginación, mejora el lenguaje y se aprende gramática. Y, además, sirve para fortalecer las relaciones ya que puede jugar toda la familia. ¿Alguien da más?
Me gustaría conocer tu opinión. Deja tu comentario.
TAGS: niños | surrealismo | cadáveres+exquisitos | juegos | educación | gramática | familia | ideas | imaginación