Los peces muertos siguen la corriente
Lunes, Diciembre 21st, 2009Se acerca el fin de año y a muchos nos da por reflexionar acerca de nuestra vida. ¿He conseguido los objetivos que me marqué a finales del año pasado? ¿Va mi vida por el camino que alguna vez tracé en sueños? ¿Soy feliz?
A veces, las respuestas a esas preguntas no son afirmativas, lo que nos sugiere que deberíamos hacer algo para enderezar nuestra existencia. Sin embargo, no es fácil saber cómo empezar, qué es lo que necesitamos cambiar; y, aún más importante, qué es lo que podemos cambiar. Vivimos enredados en una dinámica laboral, personal y social que nos arrastra y parece que no nos deja opciones. Trabajamos de lunes a viernes y desconectamos durante el fin de semana. Los períodos vacacionales se limitan a lo mismo de siempre, a lo convencional; escapar de una rutina para encontrarnos con otra; bodas, bautizos, comuniones, comidas de empresa, cenas familiares, cumpleaños, obligaciones y eventos varios….
Nos ahogamos en la corriente de lo predeterminado, de lo socialmente aceptado, de lo mayoritario. Apenas damos espacio a nuestra identidad para plantarle cara a todo aquello que no nos gusta. Pero el problema es que, muchas veces, ni siquiera sabemos lo que queremos. Creemos que queremos lo que quiere la mayoría, pero no porque hayamos reflexionado al respecto, simplemente porque nos dejamos llevar.
Pero el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa. Las canicas llenaron los espacios vacíos que había entre las pelotas de golf. Entonces, el profesor volvió a preguntar a los estudiantes que si el frasco estaba lleno, y ellos volvieron a decir que sí.
Tengo la impresión de que los seres humanos queremos controlarlo todo. Cada día más. Queremos controlar la vida de principio a fin. Y no solo nuestra vida sino, muchas veces, la vida de los demás. Nos gusta saber los planes de los otros para tenerlo todo controlado. Y si alguien aparece por sorpresa, sin haberlo planificado, le preguntamos sin dudar: “¡Anda! ¿Qué haces tú aquí?”, como diciendo, además, “si se suponía que estabas haciendo tal o cual cosa”…
Todo esto viene porque hace unos meses tuve la sensación de estar jugando a ser Dios. Mi mujer y yo ya tenemos un hijo (Sergio, 5 años) y llevábamos unos dos años buscándole un hermanito, pero no lo conseguíamos. Le llaman 


















